miércoles, 11 de julio de 2012


Las cotizas tendrán su prueba de fuego hoy en el joropódromo

“Alpargata no es calzado aunque le pongan tacón”, reza un adagio llanero que critica a quienes desean aparentar lo que no son.


El refrán se vuelve más popular por estos días entre los más de 30 fabricantes de cotizas que hay en Villavicencio, pues muchos deben elaborarlas con vistosos adornos que no tienen nada que ver con el nivel de baile de la pareja que las usa en el joropódromo.
Sin embargo, para los artesanos, el Torneo Internacional del Joropo, que empezó ayer, es la época para demostrar su habilidad en la elaboración a mano de las cotizas y para equilibrar las finanzas de casi todo el año.
“En una época normal hago 100 pares mensuales, pero por estos días fabrico hasta 220”, cuenta José Fernando Siabatto, un llanero de abuelos italianos que incluso ha enseñado a presos del Meta a hacerlas.
Aprendió el oficio en el Sena y aunque hasta hace tres años solo fabricaba botas texanas, la demanda de las populares cotizas en piel de toro le hizo ampliar el portafolio.



El sombrero llanero

Hay un viejo dicho en los Llanos que invita a desconfiar de quien jamás use un sombrero. Tiene sentido. Para un llanero una vida sin sombrero es difícil de imaginar; quizás tenga que ser falsa o vana.

Un llanero que se respete -de cualquier nivel social- tiene por lo menos dos sombreros. Uno es el sombrero de trabajo, ancho de ala, cuarteado por el sol en días de vaquería, y ajado por las lluvias que el sombrero ha ayudado a atajar.Y otro es el sombrero de salir a fiestas. Ojalá sea un ‘peloeguama’ checo, o en su defecto un Stetson tejano, por el que seguramente han tenido que pagar todos sus ahorros. No es raro, pues, que un peón de hato llanero dedique los ingresos de dos o tres jornadas de vaquería, de las que aquí conocen como ‘trabajo de llano’, para comprarse su sombrero fino. De alpargata limpia, pero de sombrero caro, es aquí la consigna.


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